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Quiénes eran los sacerdotes jesuitas asesinados en la sierra Tarahumara

Ellos hablaban que habían aprendido a vivir en un ambiente controlado por el crimen organizado, señala Jorge Atilano González Candia, de la Compañía de Jesús en México

Por Último Minuto

- 22 de Junio de 2022 - 07:59 hs
Quiénes eran los sacerdotes jesuitas asesinados en la sierra Tarahumara

Quiénes eran los sacerdotes jesuitas asesinados en la sierra Tarahumara

Los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales, de 79 años, y Joaquín César Mora Salazar, de 81, fueron asesinados el lunes en el interior de la iglesia de Cerocahui, en el estado de Chihuahua.

Al parecer, un hombre que era perseguido por una banda de narcotraficantes se había refugiado en el templo y los agresores lo abatieron a él y a los sacerdotes cuando lo encontraron.

La Arquidiócesis de México señaló que los jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora eran grandes enamorados de la Sierra Tarahumara; su último acto de valentía fue proteger a un hombre herido.

Cerca de las 18:00 horas del 20 de junio, los sacerdotes Joaquín Mora y Javier Campos presenciaron como un hombre herido ingresó a la iglesia de San Francisco Javier, en el poblado de Cerocahui, Chihuahua, estaba a punto de morir y ellos lo atendieron espiritualmente, antes de ser asesinados.

De acuerdo con la Arquidiócesis, ambos eran sacerdotes con una amplia trayectoria en la zona y sobre todo estaban enamorados de la cultura rarámuri, el pueblo originario que habita en la Sierra Tarahumara.

El mismo presidente Andrés Manuel López Obrador destacó que los dos sacerdotes jesuitas llevaban mucho tiempo trabajando en esa zona marginada y pobre de Chihuahua, en una misión que tenía mucho tiempo ayudando a las comunidades.

En los últimos años sus habitantes también han visto un crecimiento en las acciones del crimen organizado, que ha llevado al despojo de tierras y el desplazamiento forzado.

El padre Morita

El jesuita Joaquín Mora Salazar, también conocido como el padre Morita, nació en Monterrey en 1941. A los 17 años ingresó a la Compañía de Jesús y fue ordenado sacerdote en la capital de Nuevo León el 1 de mayo de 1971.

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A partir de ese momento comenzó su incursión a la Sierra Tarahumara pues misionó durante 6 meses en Sisoguchi, donde fue Vicario Cooperador. En 2007 fue nombrado Vicario Cooperador de Cerocahui, cargo que ocupaba hasta la fecha. 

De acuerdo con la Iglesia católica, en este poblado hay comunidades rarámuris y mestizas, a las que el padre Morita era “muy cercano, muy servicial y muy querido por todos ellos”.  

El padre Joaquín Mora, conocido como el padre Morita, tenía 81 años y destacaba por su actitud de servicio. Le tocaba acompañar las fiestas, asambleas y tradiciones que les dan identidad a la comunidad rarámuri.

Era muy hogareño, “a quien llegaba a la iglesia lo hacía sentir en casa” y aunque tenía varios problemas de salud, "estaba convencido de seguir con su labor en la Tarahumara”.

A la iglesia llegaba gente dedicada a los cultivos de la droga, pero fue siempre muy amable con ellos, incluso lo respetaban, lo valoraban, por eso nos extraña tanto este asesinato, refiere la Arquidicesis, que cita al padre Jorge Atilano González Candia, asistente del provincial para el sector social de la Compañía de Jesús en México.

El padre Morita también misionó en Tampico, Tamaulipas, en donde fue profesor.

Javier Campos, servidor de los rarámuris

El jesuita Javier Campos Morales era conocido como el padre Gallo y dentro de la cultura rarámuri era una auténtica autoridad. Su conocimiento era valorado por los obispos y por los propios pobladores, recuerda el padre Jorge Atilano.

El padre Gallo nació el 13 de febrero de 1943 en la Ciudad de México, aunque durante su niñez y adolescencia vivió en Monterrey, Nuevo León. 

Ingresó a los 16 años  a la Compañía de Jesús y fue ordenado sacerdote el 8 de junio de 1972 en la Ciudad de México. Un año después comenzó su misión en la Sierra Tarahumara.

Inició como superior local, vicario pastoral y episcopal en la comunidad de Norogachi. Luego fue párroco de Guachochi, Chinatú y Cerocahui.

Actualmente era el Superior de la Misión Jesuita en la Sierra Tarahumara y párroco de la iglesia de san Francisco Javier en Cerocahui, en la que fue asesinado. Tenía 79 años.

De acuerdo con el padre Jorge Atilano González, era un sacerdote muy querido y tenía muchos amigos. Conocía a bien la Sierra Tarahumara y a sus habitantes.

Hablaba lengua tarahumara, sabía los bailes de la cultura porque los rarámuris lo incorporaban a esta tradición. Conocía su cosmovisión, visitaba las casas de las familias y dirigía a los sacerdotes en el rito de celebración que se realiza en la zona.

“Ellos hablaban que habían aprendido a vivir en un ambiente controlado por el crimen organizado, sabían el trato que tenían que darles, tenían ya los códigos para convivir y también estas personas habían respetado su autoridad.

"Por eso creemos que con este asesinato se rompió un modo de convivir que nos parece muy delicado para las condiciones de la Sierra Tarahumara”, anotó Atilano González.

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